lunes, 25 de abril de 2011

Día de lluvia


Día de lluvia en El Guijar. Las ráfagas de agua, como agujas de plata que se despeñan oblicuas contra el suelo, limpian la mañana. La despejan de impurezas, la humedecen y abrillantan. El paisaje parece visto a través de un cristal. A veces la confusión obra igual que un espejismo, de manera que a uno le asalta la idea de plantar sus palmas en el aire para ver si de verdad el viento se ha convertido en una superficie dura y traslúcida. En lo alto, unas suaves lomas aparecen tintadas por la tonalidad verdinegra de un bosque de enebros. Debajo de ellos los tejados de las casas, cuyas tejas avejentadas están entreveradas de trazas grises, presiden la vista. A la izquierda un inmenso chopo verdea los estratos azules del cielo. Un cielo sobre el que se ciernes nubes amenazantes, océanos de negrura tensados en la atmósfera, nubes metálicas que anuncian tormenta. Llueve, cae una llovizna sobre un césped enmarañado que va necesitando que lo sieguen. Así, con las briznas crecidas, la pradera es un arrapiezo de cuidado.

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