lunes, 20 de agosto de 2012

Libros infinitos


Las novelas que hablan de otras ganan adeptos y se convierten en una tendencia editorial pujante


Un libro puede contener un número infinito de libros. Hay páginas que remiten a otras muchas páginas, y biografías que no se pueden explicar sin lo que escribieron otros. Causalidad o no, los catálogos de las editoriales ofrecen en este momento un nutrido grupo de títulos que tienen a los libros como protagonistas.

Los libros que hablan de libros son tan viejos como la lectura. Cervantes concibió 'El Quijote' como una invectiva contra las novelas de caballerías. Ray Bradbury, cuando gestó 'Fahrenheit 451', se proponía representar una pesadilla: un mundo en el que la lectura estuviera proscrita. Como fruto de esta censura devastadora nacen los hombres-libro, personas que consagran su vida a aprender de memoria una obra para salvarla del olvido.

No hay que remitirse, sin embargo, a tantos años atrás. Los editores de Periférica son especialmente aficionados a alumbrar títulos en los que el libro es un personaje más. En 'Una biblioteca de verano', de Mary Ann Clark Bremer, los escritores Marcel Proust, Daniel Defoe o Paul Valéry son tan relevantes como las peripecias de la trama. Todo comienza cuando una muchacha se hace responsable del funcionamiento de una biblioteca de un pequeño pueblo de Francia. Esta circunstancia permitirá a la joven meditar sobre el valor de la lectura e instruir a los usuarios de la biblioteca acerca de los títulos más recomendables para ellos. Esta novela retrata muchos aspectos de la vida real de su autora, cuyos padres murieron al final de la Segunda Guerra Mundial en un ataque al buque donde viajaban, y en el que también resultó herida la escritora.

De la misma editorial es 'La librería ambulante', de Christopher Morley, un autor que despierta la sonrisa contando las vicisitudes de Helen McGill, una mujer que decide acabar con su vida aburrida para lanzarse a vender libros por los tortuosos caminos de EE UU. Se trata de una novela deliciosa, que retrotrae a esos libros de aventuras de Mark Twain preñados de candidez y situaciones cómicas.

Hay libros que en vez de merecer la adoración se encuentran con la trituradora. Es lo que ocurre con 'Una soledad demasiada ruidosa' (Galaxia Gutenberg), de Bohumil Hrabal. La novela narra las peripecias de Hanta, un hombre que se gana la vida destruyendo libros y reproducciones de cuadros. En sus paseos por Praga, repasa su vida a la vez que medita sobre las enseñanzas de los grandes maestros: Lao Tse, Nietzsche, Hegel o Kant. El autor de esta novela hace un ejercicio de observación costumbrista y despliega una voz poética que confiere mucha intensidad al relato. Muchos de los libros de Hrabal, como 'Trenes rigurosamente vigilados', han sido llevados al cine.

Y llegan los espíritus

En clave y tono totalmente distintos está escrita 'La librería de las nuevas oportunidades' (Lumen), una historia de Anjali Banerjee que cuenta la vicisitudes de Jasmine, quien por diversos azares se ve obligada a dirigir una tienda de libros poblada de espíritus. No en balde, los volúmenes cobran vida propia y los escritores muertos susurran a Jasmine de forma obstinada.

Y nuevo cambio de tercio. 'Los libros son tímidos', de la italiana Giulia Alberico, es un bello texto sobre los títulos que han acompañado a esta mujer de niña y adolescente como auténticos compañeros de viaje. Cada novela, cada poemario, es para la autora una revelación, un acontecimiento que deja su huella en esta lectora voraz, para quien la literatura es tan buena compañera como lo puede ser una persona.

Todos los libros de que se habla aquí son especialmente queridos por los libreros. Quizá porque muchos hablan de su oficio, de la vecindad y la compañía que procuran el papel y la tinta. Un título que goza desde hace años de la predilección de este gremio es '84, Charing Cross Road', de Helene Hanff. La protagonista, Helen, es una escritora que vive en Manhattan rodeada de pilas de libros y ceniceros colmados. Mantiene un intercambio epistolar con Frank Doel, el librero de Marks & Co., un inglés que la provee de ediciones descatalogadas y tesoros de bibliófilo. Al cabo de 20 años los dos corresponsales continúan escribiéndose y lo que empezó con un trato familiar deviene un tono íntimo.

Con no menos sutileza, Penelope Fitzgerald escribió en 1978 'La librería' (Impedimenta), una novela que entonces pasó inadvertida y que con los años ha ido ganando en reconocimientos. Cuando Florence Green decide abrir una tienda de libros en un pueblo remoto azotado por los vientos del mar del Norte no sabía de la soterrada resistencia que iba a concitar su empeño entre los vecinos. Sobre todo si en ese empeño está el vender 'Lolita', de Nabokov. Fitzgerald, escritora tardía, demuestra que hay fuerzas ocultas e invisibles capaces de aniquilar los sueños más hermosos.

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